miércoles, 24 de julio de 2013



POSTALES
DEL CORAZON

I
Sucedió así
Bendecida por los beso de mi boca...
cerrarte los ojos y me regalaste tu dulce piel...
porque el corazón de un poeta
no tiene fronteras ni límites conocidos...
pero
 ¡¡¡Cómo se estremece cuando la primavera
tiene el nombre de una sola mujer ¡¡¡

II
Sucedió así…
Mientras el viento escribía
melancolía en caligrafía de hojas,
yo por los árboles de la alameda
iba coleccionando tus besos...
a la luz de una tímida luna
te robe los suspiros de oro
de tu corazón derretido,
bajo los boldos secretos
tu piel toda desnuda
fue el poesía en mis manos,
revolcados entre hojarasca y tierra
nos besamos el corazón con el alma,
y nos hicimos cómplices de la primavera.

III
Sucedió así…
En el corazón de un poeta
hay tesoros escritos con oleaje y cerezas,
memorias vividas con el alma,
besos que se guardan en cofres de plata,
recuerdos de llamas y trigos segados,
de suspiros tejidos bajo embrujo de luna,
intensos nudos de carne y huesos,
fulminantes momentos de gloria,
profundos verbos conjugados en carne,
amaneceres húmedos de besos y orgasmos,
atardeceres en hermosos templos dorados.
Afuera la lluvia el trueno y el viento
Eran cómplices de nuestra desnudez y entrega.

IV
Así sucedió,
bajo encantamientos de versos,
como miel derretida en mi boca,
como mantequilla derretida en mis manos,
como cera derretida a luz de una vela,
ella, la que se regalo desnuda
sin condiciones ni peros,
la que entera se hizo tentación y pecado,
la que en el cáliz de su rosal perfumado de tierra
se hizo tinta, verbo, sustantivo,
para los versos de un poema
escrito bajo la hambrienta sed de mis besos
que solo se lee en noche de luna ausente.

V
Sucedió así
Yo soñaba con ella en el invierno
Llego con la primavera
Fuimos verano candente
Pero el adiós
Fue cuando el otoño
contaba con el viento hojas…

Doce lunas fueron su amor
doce veces bajo el cielo
doce veces en el mar
doce veces en el viento
doce rosas en el jardín
y en una despedida silenciosa
como muerte súbita
No tengo explicación
Y nunca más supe de ella.

Que quedo de su presencia
Solo su retrato en mi memoria
Su perfume entre las sábanas
Su pelo en la peineta
Y la marca de sus labios
en lo canela de mi piel.

VI
Sucedió así…
Bajo la luna creciente en primavera
Con estrellas de testigo en muda presencia
Junto al rumor del mar que descalzo
escribía su salina cantata de olas
Con una brisa cálida como tu piel
Entre besos que quemaron voluntades
Con los corazones dando todo su ritmo profundo
Con las manos buscando tesoros piratas
Con nuestros ojos mirándose entre tenues sombras
nos hicimos carne y suspiros
hasta perder toda noción de tiempo y espacio
nos hicimos soplo en la greda caliente
para el trigal de nuestros deseos.

Quedo en la arena la forma de tu cuerpo y el mío
Que el mar lentamente se fue llevando
Dejando solo la sal de sus pasos.
Yo escribí tu nombre de caracola
En la humedad forastera del alba
Tu piel sabía a sal y arena,
Tu boca a océano y viento
Tus pechos a rosales de luna
Tu pelo a las algas que peina el mar
Y tu corazón que era mío
Sabía a la tierra madre en primavera.

Un día te quedaste dormida
sin mis brazos ni mis besos,
lejana como una estrella
que cierra la copa de sus pétalos,
apagaste tus ojos,
y te fuiste a soñar con el mar
que nos dio vida
una noche sin luna,
se quedo quieto tu corazón en primavera
y a mí me dejaste no solo este frio vacío en mi vida,
sino que en herencia me dejaste el largo otoño
para llorar en hojas tu ausencia definitiva…

Amándote como te amé
despacito me fui acostumbrado a tu ausencia,
a tu ausencia que huelo cada vez que la luna
y el mar se conjuga en olas y nostalgia,
entonces una invisible lágrima de mi corazón
cae como rosa deshojada sobre el silencio.

VII
Así sucedió...
parecía frágil paloma,
débil trigal en el viento,
sufría de soledad y silencio,
vino sola y descalza a mi tiempo,
y en un beso perdió la memoria
quedo en coma inducido
en la urgencia de mis brazos
a merced de mis besos de lobo
y las tarántulas tejedoras de mis manos
hicieron finas redes invisibles en su piel.
Se moría... se moría entre mis brazos
y contra mis carnes se agarraba
como un naufrago a un trozo de vida.
Enlazados entre sábanas húmedas
la tarde bajaba por el muro
cuan enredadera arañando los ladrillos,
Así yo en el arco de su cintura...alucinaba,
en la gloria de sus pechos
mis boca mi lengua mi sed.
y mientras la luna pasaba por la ventana
cayendo su luz cenicienta en la alfombra,
ella, la que decía que me amaba,
huyo ladrona de besos y suspiros
para siempre entre las rosas negras
que crecían en la cal del muro...
perfumado su cofre con poesía.

Cómo así sucedió
así mismo se olvido ¡¡


©Waltherpineda2013
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